Una droga es una sustancia que puede modificar el pensamiento, las
sensaciones y las emociones de quien la consume. Ellas tienen la
capacidad de cambiar el comportamiento y, a la larga, la manera de ser.
Algunas drogas se consideran legales y otras, ilegales. La consideración
de un tipo de droga como legal (como sucede con el alcohol o el tabaco)
implica tan solo una regulación diferente de la producción y de la
comercialización, y en ningún caso quiere decir que no sea peligrosa.
Según los especialistas todas las drogas comportan un riesgo y no
existe consumo alguno que pueda considerarse totalmente seguro. El
riesgo resulta de la combinación de tres factores: los efectos que
provoca la sustancia, la manera de utilizarla (dosis, forma de
administrarla, efectos que quieren obtenerse con ella) y la
vulnerabilidad del consumidor.
Por eso y ante la realidad que viven muchos jóvenes y sus familias en
relación con el consumo de drogas, es necesario hablar mucho sobre el
tema para prevenir, informar y sensibilizar sobre este mal a los
diferentes agentes sociales que son elementos clave en este problema:
los jóvenes, las familias, los educadores, los profesionales de los
centros de salud y la ciudadanía en general.
Las drogas destruyen y arruinan millones de vidas cada año. ¿Qué
podemos hacer entonces al respecto? Es necesario incidir positivamente
en la reducción del consumo de drogas en la población y sobre todo entre
los jóvenes. Ya son muchos los que en edades entre 14 y 18 años
comienzan a consumir alcohol y tabaco. Y algunos, aunque parezca poco
probable entre nosotros, marihuana, alucinógenos, éxtasis y anfetaminas.
Los especialistas aseguran que en principio, las drogas se perciben
con una imagen positiva y favorable que atrae a muchos. Sin embargo, esa
cara desaparece rápidamente, y las drogas empiezan a mostrarse tal y
como son: dolor, problemas, infelicidad y múltiples trastornos.
Generalmente crean dependencia tanto física como psicológica y hacen
vivir a quien las consume, en un mundo totalmente falso, en donde se
sufre degradación física, mental, emocional y finalmente puede llegar a
ocasionarle la muerte. Además las reacciones negativas afectan en
diferentes aspectos de la vida de la persona y su entorno.
Pero las drogas no solo perjudican a la persona que las toma. A su
alrededor muchas otros padecen sus consecuencias. Ellas interfieren en
la relación con el entorno, la familia y el trabajo, y pueden llegar a
comprometer seriamente el proceso de aprendizaje, especialmente en el
caso de los jóvenes y adolescentes. Además, incrementan el riesgo de
sufrir todo tipo de accidentes.
Por todo ello, además de las consecuencias individuales, es toda la
sociedad (en mayor o menor medida) la que sufre los problemas de las
drogas que son de todo orden: sanitario, económico, cultural, de
inseguridad, y un largo etcétera.
No es extraño, por lo tanto, que las drogas –tanto las legales como
las ilegales– supongan una preocupación colectiva ni que, para hacer
frente a sus consecuencias, muchos países hayan puesto en marcha
políticas de prevención y rehabilitación, con un elevado coste
económico.Prevenir implica actuar para disminuir el número de personas que
tienen problemas con las drogas. Y obviamente, prevenir exige
anticiparse a los problemas, actuar cuanto antes. Por eso hablamos de
una prevención dirigida a niños y adolescentes, en la que el papel de la
familia y de la escuela es fundamental: porque son los espacios en los
que prioritariamente se educa, se ayuda a crecer y a construir
personalidades más seguras, más libres y más responsables. Es muy
importante tener un conocimiento real de lo que son las drogas y estar
convencido de sus consecuencias negativas.
Quienes sufren una adicción a menudo tienen uno o dos problemas
médicos asociados, entre los que podemos mencionar: enfermedad pulmonar o
cardiovascular, accidente cerebrovascular, cáncer y trastornos
mentales. El diagnóstico por imágenes, las radiografías de tórax y los
análisis de sangre muestran los efectos nocivos del abuso de drogas a
largo plazo en todo el cuerpo. Por ejemplo, las investigaciones han
demostrado que el humo de tabaco causa cáncer de boca, garganta,
laringe, sangre, pulmones, estómago, páncreas, riñón, vejiga y cuello
uterino. Y que el consumo prolongado de alcohol aumenta las
probabilidades de sangrado de estómago o esófago, inflamación y daños en
el páncreas, daño al hígado, desnutrición; cáncer de esófago, hígado,
colon, cabeza y cuello, mamas y otras áreas.
Entre los efectos de las sustancias de abuso, tenemos:
Nicotina: un estimulante adictivo que se encuentra en los
cigarrillos y otras formas de tabaco. El humo que estos despiden aumenta
el riesgo de un consumidor de contraer cáncer, enfisema, trastornos
bronquiales y enfermedades cardiovasculares. La tasa de mortalidad
asociada con la adicción al tabaco es asombrosa. El consumo de tabaco
acabó con la vida de aproximadamente 100 millones de personas en el
siglo XX y, si las tendencias actuales de tabaquismo continúan, se ha
proyectado que el total de muertes en este siglo alcanzará los mil
millones.
Alcohol: su consumo puede dañar el cerebro y la mayoría de los
órganos del cuerpo. Las áreas del cerebro que son especialmente
vulnerables a los daños son la corteza cerebral (en gran parte
responsable de nuestras funciones cerebrales superiores, que incluyen la
resolución de problemas y la toma de decisiones), el hipocampo
(importante para la memoria y el aprendizaje) y el cerebelo (importante
para la coordinación de los movimientos).
Marihuana: es la sustancia ilegal que más se consume. Esta
droga deteriora la memoria a corto plazo y el aprendizaje, la capacidad
de concentración y la coordinación. También aumenta la frecuencia
cardíaca, puede dañar los pulmones y aumentar el riesgo de psicosis en
quienes padecen una vulnerabilidad subyacente.
Ya sabemos cuál es el impacto social, sus riesgos y sus efectos sobre
la salud, pero ahora es el momento de que toda esta información se
convierta en una reflexión personal.
¿Eres capaz de decidir por ti mismo si consumes o no? ¿Hasta qué
punto te influyen las modas y las inercias del grupo? ¿Tienes la
seguridad de que no te va a pasar nada? Respóndete a ti mismo estas
preguntas con sinceridad y decide. Porque decidir significa ser
responsable de tus decisiones, saber que quieres vivir y qué quieres
evitar. Si no estás del todo seguro puedes consultar a los médicos que
en todo nuestro país atienden y ayudan a resolver estos problemas.
Decide tú.